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Antonio Calo PDR+

 
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Antonio Calo PDR+
antionio calo
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Antonio Calo
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Mensajes: 2
Temas: 2
Registro en: Aug 2024
Reputación: 0
Personaje principal: Antonio Calo
#1
22-10-2025, 05:47 PM
Perfil básico

Nombre: Antonio Calo
Edad: 30 años
Nacionalidad: Colombiano
Fecha de nacimiento: 27 de octubre de 1995
Estado civil: Viudo
Estatura: 1,84 m
Peso: 75 kg
Tipo de sangre: O+
Color de piel: Blanca
Cabello: Negro
Ojos: Negros

[Imagen: 3d57e0a07089fb72a64ec0ddbd4fd1c0.jpg]
Orígenes y primera luz (1995-2006)
Antonio nació en el barrio de “La Colina del Diablo”, un sector densamente habitado en las colinas de Medellín, donde el concreto se mezclaba con casas sin terminar, cables cruzados, calles adoquinadas y calles sin asfaltar. Su madre, Lucía Herrera, era una mujer de pocos estudios, pero de gran fortaleza: vendía comida en la calle, trabajaba como lavandera en casas vecinas y cuidaba de Antonio con esmero. Su padre, Rubén Calo, era mecánico: un tipo callado, de mirada distante, que arreglaba motos y autos pero que también —sin que Antonio lo supiera al principio— hacía trabajos para los jefes del barrio, reparando motores usados para huir de patrullas, ajustando placas, cambiando llantas en la madrugada.

[Imagen: familia-feliz-bebe-recien-nacido_52137-11693.jpg]

Desde niño, Antonio escuchaba las conversaciones de los adultos, los gritos de las madres, los llantos de los niños que veían a sus amigos desaparecer. Una noche, con unos diez años, Antonio presenció cómo un joven de su edad fue ejecutado en la calle frente a su casa, por entrar al “territorio equivocado”. El estruendo del arma lo paralizó, el cuerpo que cayó lo dejó mudo. Fue una escena que grabó en su mente como una advertencia temprana: el barrio no perdona.
Lucía intentó que Antonio viniera más al taller de su padre, lo inscribió en la escuela local, le compró un par de guantes de boxeo que encontró en oferta. Pero la pobreza era implacable: cuando Rubén desaparecía por días, trabajando para “los patrones”, Lucía se quedaba sola con Antonio, rezando para que volviera. A los 11 años, Antonio entendió que el mundo en que vivía no ofrecía segundas oportunidades, sólo supervivencia.

[Imagen: DQBMqbsrw_1256x620__2.jpg]
Adolescencia y la atracción del abismo (2007-2014)
A los 12 años, Antonio ya circulaba por las calles al filo del peligro. Conoció a un grupo local conocido como “Los del Fondo”, pandilla menor que robaba motos, traficaba cigarrillos y servía como enlace para el microtráfico. Antonio no entró por convicción, sino por necesidad: necesitaba el dinero para ayudar a su madre, para pagar la escuela, para que el taller del padre tuviera repuestos. Él veía que algunos chicos más jóvenes que él ya tenían mejores zapatillas, entraban a discotecas improvisadas en el barrio. Y poco a poco, la calle lo engulló.

[Imagen: https%3A%2F%2Fcloudfront-us-east-1.image...smart=true]

A los 15 años, llevaba una pistola por primera vez, regalo de uno de los “mayores” de la pandilla. La sensación —el peso del arma, el clic-clic del cargador— se le quedó en la mano como una promesa y una amenaza. A los 17 años participó en su primer enfrentamiento: una disputa de territorio con una pandilla rival. No murió, pero vio morir a un amigo. Vio cómo el joven caía, cómo otro gritaba pidiendo ayuda, y cómo la policía llegaba tardíamente. Ese día dejó de tener infancia.
En la escuela, Antonio era callado. No sobresalía en los estudios. Le gustaba el boxeo, entrenaba en un gimnasio del barrio que dirigía Don Álvaro, un hombre mayor que quería alejar a los chicos de las calles con disciplina y guantes. Antonio respetaba a Don Álvaro: en sus lecciones, más que dar golpes, les decía que el golpe más fuerte era el que se evitaba. Pero la vida real del barrio no permitía rebajar la guardia.

[Imagen: pandillas-elalto.jpg]

La muerte de Rubén, su padre: a los 18 años, Rubén fue encontrado en el taller con el motor de una moto encendido, asfixiado por monóxido, pero Antonio sabía que no había sido accidente: había sido un ajuste de cuentas. En ese momento, Lucía no tuvo fuerzas para levantar cabeza. Antonio se volvió la columna del hogar. Y el barrio, como una bestia despierta, lo atrajo de nuevo.

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La adultez temprana, decisiones y consecuencias (2015-2020)
Ya con 20 años, Antonio era conocido por su temple. Dentro del mundo clandestino de armas, drogas y violencia, se convirtió en brazo derecho de un jefe local: “El Mono Vergara”. Vergara controlaba un corredor de tráfico de armas en el sector y necesitaba a alguien que no preguntara demasiado, que se moviera con discreción. Antonio aceptó. Tenía una mezcla de resentimiento, de necesidad, de rabia acumulada. Durante esos años, Antonio vio el negocio crecer: armas que entraban por la frontera, cargamentos que esperaban en bodegas de barrio, jóvenes reclutados para guardar, distribuir, vigilar. Vio drogas que se vendían rápido, que cambiaban vida por dinero ahora, muerte después. Aprendió a usar lenguaje de pandilla, a moverse rápido de noche, a no mirar atrás. Pero también empezó a sentir el peso moral: veía a chicos más jóvenes que él morir por esos caminos, veía familias que sufrían por culpa de lo que él hacía.

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En medio de ese infierno, conoció a Laura, una enfermera que trabajaba en un puesto de salud improvisado en el barrio. Ella era diferente: no levantaba la vista al ver hombres armados; los trataba como pacientes. Vio a Antonio herido en una pelea callejera y lo atendió sin juzgarlo. Eso lo sacudió. Empezó a preguntarse si su vida no podía tener otro rumbo. Con cautela, se alejó un poco del negocio: dejó el taller de su padre en marcha, empezó a trabajar legalmente, intentó dejar las armas.
Se casaron en una ceremonia íntima, lejos del bullicio del barrio. Ca***** le dio esperanza. Para Antonio, era la promesa de una salida, de una vida diferente. Pero el pasado no se enmienda tan fácilmente. Cuando El Mono Vergara fue eliminado, su estructura se quebró. Las pandillas rivales aprovecharon el vacío; la violencia escaló. Durante una redada de la policía, Laura fue confundida con una colaboradora del grupo rival y recibió un disparo en el pecho. Antonio la sostuvo mientras moría en sus brazos. Ese momento cambió todo.


[Imagen: 64029-1.jpeg]

Laura lo veía con ternura, lo llamaba “mi Antonio”, lo impulsaba a soñar. Pero cuando murió, su sonrisa desapareció para siempre. Antonio quedó viudo y roto. Llevó su ataúd una mañana gris, bajo la mirada de los vecinos que sabían quién era él. Pero ninguno la defendió. Nadie lo refugió. Sólo el silencio del barrio.

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Presente (2021-2025): el hombre que queda

Hoy, con 30 años, Antonio Calo vive en un equilibrio frágil entre crimen y arrepentimiento. Ya no es el brazo derecho de nadie; ahora trabaja como “solucionador” para diversos grupos: cobranzas, escoltas ilegales, movimientos de armas menores. No busca escalar; busca no caer más. Su taller sigue funcionando, casi como fachada —y también como refugio para cuando las cosas empeoran.
Visita cada semana la tumba de Laura, después del crepúsculo, en el cementerio del barrio. Le habla en silencio: le dice que sigue vivo, que algún día encontrará paz, que algún día dejará todo esto atrás. Pero se queda allí, en el polvo, en el frío, con la culpa la abrazando.


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Relaciones y conflictos clave

Laura: fue su amor, su esperanza, su futuro. La muerte de ella es el trauma que define su presente.
Rubén Calo (su padre): su héroe y luego víctima. La muerte del padre lo empujó más hacia el abismo.
Lucía Herrera (su madre): el motivo por el que entró al mundo criminal: para protegerla, para darle dignidad. Pero también es la persona que más lo ve y lo juzga en silencio.
Don Álvaro: el entrenador de boxeo que vio en él un escape. Antonio aún guarda los guantes que le regaló como recuerdo.
El Mono Vergara: su jefe criminal, mentor en el inframundo. Con la muerte de Vergara, Antonio perdió guía y estructura.
“El Flaco” Santiago: un viejo amigo de infancia que aún lo contacta para encargos. Es el lazo que lo mantiene en el mundo que quiere dejar.

Temas que atraviesan su historia


Redención / culpa: Antonio busca el perdón pero no sabe cómo pedirlo ni si lo merece.
Familia / pérdida: Su madre, su padre, su esposa: cada vínculo roto deja una herida.
Violencia estructural: No es solo el “malo” ni el “buen muchacho”: el entorno lo condiciona.
Identidad y cambio: Puede uno cambiar si nació en el infierno del barrio, si arrastra armas, muerte, miedo.
Esperanza frágil: Laura fue su luz, su taller es su ancla; pero el mundo real es más duro que la voluntad sola.
KrazZpZ
Sin conexión

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Personaje principal: Josh Miller
#2
24-10-2025, 07:19 AM
Buena ficha, me gusto. Obtendrás tu PDR+.
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